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“Un amigo implacable: El Tiempo”

19/09/2011 | 09:33 pm

Por: Adriana Maldonado

 

    La tarde de un domingo luego de compartir un excelente fin de semana con la familia y los amigos, mi jefe me llamó para preguntarme sobre algunos detalles de trabajo. Mi esposo estaba  indignado porque mi jefe me llamara un domingo, y a esa hora, para hablarme de trabajo, así que traté de calmarlo y hacerle entender que no todas las personas tienen la posibilidad de encontrar un equilibrio entre la cantidad de cosas que tienen que hacer.

 

    Se me quedó mirando como si mi argumento no fuera lo suficientemente válido, por lo que me senté y traté de explicarle desde todos los puntos de vista posibles, para ver si podía entenderme. Y aún cuando no se fue muy convencido, al menos comprendió que como seres humanos, cada quien tiene una manera diferente de ver las cosas.

 

   Existen personas que se apasionan tanto con lo que hacen y llegan a amar tanto sus oficios, profesiones, carreras, etc… que a veces olvidan que existe un mundo a su alrededor, con personas que también sienten pasión, amor, tristeza, frustración, en fin, que tienen sentimientos igual que ellos. Sólo que cada uno lo manifiesta de diferentes maneras y hacia diferentes aspectos.

 

    Cuando se construye un negocio o se ejecuta un proyecto de trabajo, se quiere alcanzar una meta, romper un récord, en fin, cuando se desea algo con mucha fuerza y pasión, se entrega todo, se da lo máximo de cada uno y se busca alcanzar el éxito. El detalle está, cuando perdemos las perspectivas y olvidamos en mantener el equilibrio en todas las cosas que hacemos. Es decir, no se trata de olvidar nuestros sueños, no dar lo mejor de nosotros, o desinflarnos en nuestra meta, sino en equilibrar las cargas, recordar que vivimos en un mundo compartido, con seres humanos que importan tanto como nosotros, en hacer un espacio de tiempo dentro de todas nuestras tareas y compromisos, para dedicar tiempo a aquello que también es importante, aun cuando tal vez no sea nuestra prioridad.

 

    ¿Y por qué es importante buscar un equilibrio? Para aquéllos que somos padres, tal vez sea un poco duro reconocerlo, pero es una realidad. En ocasiones nuestros trabajos y obligaciones nos demandan una gran cantidad de tiempo, lo cual nos deja muchas veces sin energía para llegar a nuestras casas a lidiar con nuestros hijos, esposas (os) o familiares. Y exigimos que nos comprendan y sean empáticos (obviamente con nosotros), ya que hemos pasado horas en la oficina, en el trabajo, en el negocio, ensayando o practicando, en fin; y lo que menos deseamos es llegar a “perder nuestro valioso tiempo en cosas insignificantes”. Y… ¿Cuántas veces somos comprensivos y empáticos con esas personas que están del otro lado? ¿Cuántas veces nos ponemos en esos zapatos y vemos las cosas desde esos ojos?

 

     Nuestros hijos, luego de un largo día en el colegio, quieren contarnos sus dificultades o problemas (porque para ellos en su pequeño mundo son problemas), pero nosotros estamos demasiado cansados u ocupados para prestarles atención, tal vez nuestra pareja desea compartir un problema, una anécdota del día o un chiste, pero para eso tampoco hay tiempo. O quizás sea nuestro vecino quien quiera comunicarnos un asunto de la comunidad, pero eso para nosotros tampoco es importante, y seguramente pensamos: “¿pero qué he hecho yo para merecer esto, que todo el mundo me quiera quitar mi valioso tiempo?”

 

     A veces vivimos tan concentrados en nuestra pequeña isla, que se nos olvida que somos parte de una sociedad, un entorno, un colectivo, un universo. Solemos ser tan egoístas, que pensamos que solo cada uno de nosotros es lo más importante, pero no para sí mismo (como es lógico), sino que pensamos que somos lo más importante para el resto del planeta. Y cuando nos hacemos mayores y la sabiduría de la experiencia y el transcurrir de los años, nos hace ver la dura e implacable realidad, de que no era cierto, yo no era el ser más importante del universo, ni del país, ni de la ciudad, ni del vecindario, ni siquiera de mi familia; ahora que soy un anciano (a) mis hijos ya no me llaman para conversar, no me piden consejos, o buscan mi guía y apoyo, ya el trabajo o el negocio no me necesitan, pueden sobrevivir sin mí, y tal vez mi pareja ya no está o se acostumbró tanto a mi ausencia e indiferencia, que ya ni siquiera me escucha cuando le hablo. Y todo esto nos lleva a entender que la ironía de la vida, y más aún, del tiempo, nos pone en la triste y difícil situación de ahora ser “yo” quien quiera compañía, quiera atención, quiera amor, quiera “tiempo” para compartir con los demás.

 

     El “tiempo” mis amigos, es como el agua que se derrama, no se puede recoger. Así que la próxima vez que sus hijos, su pareja, su familia, sus amigos, su mascota o cualquier ser viviente le pida un poco de atención o unos minutos de su tiempo, no los rechace, no los ignore, no finja que no tiene “tiempo” y que su trabajo, oficio, proyecto o carrera es lo más importante de su vida, porque tal vez cuando se dé cuenta de que sólo usted se creía esa mentira, sea demasiado tarde y ahora si no tenga “tiempo” para cambiar las cosas.

 

     Y como decía Facundo Cabral: “Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por el planeta, que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene límites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos”.

ADRIANA MALDONADO
CONSULTORA-DIRECTORA





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